Murió por ganarse el pan: Eloy Peña, sepultado vivo en una mina de Nigua
San Gregorio de Nigua, San Cristóbal.– Salió de su casa como cada mañana, con el deber por delante y una promesa pendiente: terminar la casa que construía con su esposa y dejar la mina para siempre. Eloy Peña, de 52 años, nunca imaginó que ese compromiso familiar lo llevaría a la muerte.
Alrededor de las 11:00 de la mañana del jueves, Eloy quedó sepultado bajo toneladas de tierra tras un repentino derrumbe en una mina de materiales donde operaba una retroexcavadora. El alud fue fulminante. No hubo tiempo para reaccionar.
Una promesa que terminó en tragedia
Eloy tenía apenas cuatro o cinco meses trabajando en esa mina. Aceptó el empleo para cumplir con su familia, pese a las súplicas constantes de su esposa, Alexandra Morbán de Peña, quien le pedía abandonar ese trabajo peligroso.
—“Solo hasta terminar la casa”— le repetía.
Según compañeros, el derrumbe fue tan grande que no permitió escape. Un camionero logró correr y alertar, pero Eloy, tras abandonar la máquina e intentar huir, quedó atrapado entre los escombros.
Su cuerpo fue recuperado en la madrugada de este viernes, tras horas de angustia y labores de rescate.
La espera que rompió el alma
Mientras la tragedia se desarrollaba, Alexandra esperaba una llamada que nadie se atrevía a hacer. Se encontraba comprando materiales de construcción cuando sintió que algo andaba mal.
—“Nadie me decía nada… después me dijeron que hubo un derrumbe en la mina”— recuerda.
Eloy era un hombre querido, sin distinciones entre los hijos de ella y los suyos. Amaba llegar a casa con una sonrisa, preparar café y cuidar a los suyos. Se decían “oveja” y “ovejo”, un lenguaje íntimo que hoy queda en el silencio.
La noche antes del derrumbe, cuidó a su esposa enferma y al salir de madrugada le dejó un mensaje de voz. Fue el último:
—“Oveja, te di tu besito, pero no te desperté porque estabas dormida”.
Denuncian negligencia y falta de seguridad
Alexandra denuncia que la mina carecía de medidas mínimas de seguridad: sin cascos, sin botas, sin seguro médico y sin personal que alertara sobre posibles deslizamientos.
—“Eso se pudo evitar. Con una persona pendiente, quizás mi esposo estuviera vivo”— afirma.
Hasta ahora, asegura, ningún representante de la mina se ha acercado a ofrecer explicaciones ni condolencias.
—“No fue un animal que se perdió. Fue una vida. Mi compañero de vida”— sentencia.
“Uno sale a trabajar sin saber si vuelve”
Compañeros de trabajo describen a Eloy como un hombre trabajador, humilde y eficaz. Conocía el terreno y el manejo del equipo pesado. Las lluvias recientes y la acumulación de material, explican, provocan grietas invisibles que terminan en derrumbes repentinos.
Eloy Peña murió trabajando por los suyos, como tantos dominicanos que salen cada día a ganarse el pan sin garantías ni protección.
—“Esa cama se me va a quedar grande”— dice Alexandra—. “Pero le pido a Dios fortaleza”.