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Perdió tres veces, ganó la cuarta

Perdió tres veces, ganó la cuarta
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La virtual victoria de Keiko Fujimori en Perú vuelve a demostrar una de las grandes lecciones de la política mundial: la perseverancia puede ser tan determinante como el liderazgo, la estrategia o la popularidad.

Tras competir en cuatro procesos presidenciales y sufrir tres derrotas consecutivas, la líder de Fuerza Popular finalmente logró alcanzar la meta que persiguió durante más de una década. Su caso se suma a una larga lista de dirigentes internacionales que, después de múltiples fracasos electorales, terminaron llegando al poder.

La historia política está llena de ejemplos. Richard Nixon perdió la Presidencia en 1960 y la gobernación de California en 1962, pero regresó para ganar la Casa Blanca en 1968. Donald Trump perdió en 2020 y volvió para recuperar el poder en 2024. Luiz Inácio Lula da Silva fue derrotado en tres ocasiones antes de alcanzar la Presidencia brasileña y luego regresó años después para volver a gobernar.

En México, Andrés Manuel López Obrador perdió dos elecciones presidenciales antes de triunfar en 2018. Mientras que en Uruguay, José Mujica construyó durante décadas una carrera política marcada por obstáculos antes de convertirse en jefe de Estado.

La República Dominicana tampoco ha sido ajena a esa realidad. Figuras históricas como Joaquín Balaguer, Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez protagonizaron largas luchas electorales que marcaron varias generaciones.

De cara al 2028, el panorama político dominicano presenta escenarios similares. Mientras figuras como David Collado y Carolina Mejía mantienen trayectorias electorales invictas, otros aspirantes como Leonel Fernández y Gonzalo Castillo buscan una nueva oportunidad para regresar al poder.

La lección parece ser la misma en cualquier país: las derrotas no siempre significan el final del camino. En política, como en la vida, muchas veces el éxito llega para quienes se mantienen firmes cuando otros deciden rendirse.

Como decía un viejo consejo popular: “La gota de agua no rompe la piedra por su fuerza, sino por la constancia con la que la golpea”. La historia electoral de muchos líderes alrededor del mundo confirma que la perseverancia sigue siendo una de las armas más poderosas para alcanzar cualquier objetivo.

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