República Dominicana: 30 Años de Democracia… ¿De Verdad Hace Falta un Trujillo?
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La responsabilidad histórica de restaurar la soberanía nacional de nuestro país, la República Dominicana, recayó sobre los gobiernos que se sucedieron desde el expresidente Dr. Leonel Fernández Reyna, en 1996, hasta el actual gobierno de Luis Abinader. Eran para sustituir el reformismo y al expresidente Dr. Joaquín Balaguer, quien heredó el país después de la muerte del dictador Generalísimo Rafael Leónidas Trujillo.
El resultado de estas tres décadas está frente a nosotros. Entre 2000 y 2024 se registraron 49,284 muertes violentas de distintas causas. En los años más críticos, la violencia alcanzó niveles alarmantes, con 2,886 muertes violentas en 2008 y más de 2,000 homicidios intencionales anuales alrededor de 2009–2011.
A esto se suma el narcotráfico, cuya penetración en el país ha alcanzado dimensiones alarmantes. En 2024, la Dirección Nacional de Control de Drogas incautó 44.3 toneladas de distintas drogas, incluyendo 37.7 toneladas de cocaína y 6.4 toneladas de marihuana. Solo entre 2021 y el primer trimestre de 2026, las autoridades habían incautado aproximadamente 163.8 toneladas de diferentes sustancias. El mayor cargamento registrado en la historia del país fue de aproximadamente 9.8 toneladas de cocaína, decomisado en el Puerto Multimodal Caucedo en diciembre de 2024.
Esto demuestra la magnitud que ha alcanzado el narcotráfico dentro de nuestra sociedad. A ello se suman los feminicidios, los suicidios y otras formas de violencia que han mantenido una presión constante sobre el pueblo dominicano. Y mientras todo esto ocurre, los accidentes de tránsito han provocado durante años alrededor de 1,800–2,100 muertes anuales, llegando a aproximadamente 2,161 en 2024.
Pero uno de los mayores fracasos está en la educación. Desde 2013, el país ha destinado enormes cantidades de recursos al sistema educativo bajo el compromiso del 4% del PIB. El gasto del Ministerio de Educación llegó a aproximadamente RD$291 mil millones en 2024 y el presupuesto de 2025 superó los RD$309 mil millones. Sin embargo, en PISA 2022 solo el 8% de los estudiantes dominicanos alcanzó el nivel básico en matemáticas, 25% en lectura y 23% en ciencias. Es decir, 92% quedó por debajo del nivel mínimo en matemáticas, 75% en lectura y 77% en ciencias. República Dominicana quedó entre los países con peores resultados de los 80 participantes.
Esta falta de educación nos llevó a vivir con familias dominicanas con falta de valores, donde los círculos sociales exterminaron la religión y a Dios de las escuelas como asignatura, así como Social y Cívica. Esto abrió las puertas a fenómenos musicales como el dembow, que no lo critico como tal, pero sí es el resultado del deterioro de los valores, la educación, el respeto y la moral en la sociedad y las familias dominicanas.
Mientras tanto, esta nueva clase política de relevo sí pudo educar a sus hijos. Vemos hijos e hijas de expresidentes con aspiraciones presidenciales, con grandes niveles de educación, excelente discursiva e inteligencia tanto emocional como profesional, listos para relevar a sus padres expresidentes en los gobiernos que están por venir. Esto es todo lo contrario a nuestros jóvenes, que siguen viviendo sin trabajar ni estudiar por las precariedades de la sociedad dominicana.
Los problemas sociales también reflejan ese deterioro. Entre 1996 y 2026, el consumo de alcohol, los abortos y la prostitución pasaron a formar parte de problemas sociales visibles y persistentes, con efectos sobre la salud, la familia, la juventud y la seguridad. El consumo excesivo de alcohol se vinculó a violencia, accidentes y problemas familiares; el aborto, al mantenerse bajo fuertes restricciones, continuó ocurriendo de manera clandestina, aumentando la vulnerabilidad de mujeres y adolescentes; y la prostitución se relacionó cada vez más con turismo sexual, explotación y trata de personas, especialmente de mujeres vulnerables.
A estos problemas se suma la expansión de los juegos de azar y las apuestas como parte de la vida cotidiana. En 2024, las declaraciones ante la Dirección General de Impuestos Internos reportaron 259,623 bancas de lotería y 14,393 bancas deportivas, además de 97,666 máquinas tragamonedas. No se trata solamente del dinero que mueve, sino también de preguntarnos qué efecto tiene sobre las familias y sobre una población que, en medio de las precariedades económicas, falta de educación busca en la suerte una salida que debería encontrar en la educación, el trabajo y las oportunidades.
La falta de educación también se refleja en la forma tan temeraria en que los dominicanos transitan las calles de nuestro país. Desde 1996 hasta 2026, la República Dominicana registró más de 45,000 muertes por accidentes de tránsito, manteniendo durante casi tres décadas una tragedia vial permanente. Solamente entre 2020 y 2024 se registraron 9,515 muertes en el lugar del accidente, y 2024 alcanzó 1,961 víctimas.
Estamos viviendo el resultado de una política en los gobiernos democráticos desde 1996 hasta hoy, donde es más importante no educarnos para manipularnos. Vemos a esos mismos políticos que han malogrado el futuro de nuestra nación durante los últimos 30 años, con aspiraciones de seguir destruyendo el patrimonio nacional que nos queda. Todavía peor, vemos dominicanos listos para votar por sus intereses personales, sin importar que no quede país para vivir y retrocedamos a una selva apocalíptica.
Hoy vivimos en una sociedad donde nuestras playas están privatizadas para darle preferencias a los extranjeros, donde nuestros derechos quedan en último lugar; donde ya ha muerto el merengue, la bachata va por la misma vía de extinción; donde la suerte de morir en manos de un atraco se hace más certera que vivir en una patria inclusiva, con derechos para proteger la voz del pueblo, la educación y el futuro de nuestros hijos.
El futuro de la República Dominicana dependerá de que saquemos del poder a todos estos partidos tradicionales, los causantes de nuestros problemas como sociedad; jamás serán los que puedan darles solución. Es saludable para nuestro país la sangre nueva que aspira a ser presidente de la nación; están todos en su derecho. Pero ¿quién tiene la capacidad de rescatar el país, dejar de ser cabeza de ratón y unirse todos para sacar el cáncer asesino de nuestro gobierno dominicano?
Y aquí llegamos a una pregunta que cada vez más dominicanos se hacen, incluso aquellos que vivieron las consecuencias de aquella época:
¿Será que hace falta un Trujillo?
No porque una dictadura sea la solución, ni porque debamos olvidar sus crímenes y abusos, sino porque hoy se escucha en las calles a personas decir: “Trujillo, ven a ver”, como expresión de desesperación ante los problemas nacionales que nuestros gobiernos democráticos no han sabido resolver.
Pero lo más interesante es que aquel período también dejó una descendencia. Y quizás sea precisamente esa descendencia la que pueda responder, sin rodeos, a esta provocadora pregunta:
¿De verdad hace falta un Trujillo?
Quizás su propia descendencia tenga la respuesta.