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Kerbala, Irak (EFE).– Más de cuatro millones de personas participaron este miércoles en el multitudinario cortejo fúnebre del líder supremo de Irán, Alí Jameneí, en la ciudad santa de Kerbala, Irak, antes de que sus restos sean trasladados nuevamente a territorio iraní para recibir sepultura.
Según informaron la Movilización Popular y la agencia oficial iraquí INA, millones de fieles chiíes acompañaron la procesión desde Nayaf hasta Kerbala, en una de las mayores concentraciones religiosas registradas en la región en los últimos años.
El féretro recorrió la calle Abu Mahdi hasta llegar a los santuarios del imán Hussein y de Al Abás, considerados dos de los lugares más sagrados para el islam chií. En esos recintos se realizaron ceremonias religiosas y oraciones de despedida antes de continuar el traslado hacia Irán.
Durante el recorrido, miles de personas intentaron acercarse al ataúd para rendir homenaje al líder iraní, mientras las fuerzas de seguridad desplegaron un amplio operativo para controlar la enorme concentración de fieles.
Ceremonia oficial en Nayaf
Los restos de Jameneí y de varios miembros de su familia llegaron previamente al Aeropuerto Internacional de Nayaf, donde fueron recibidos en una ceremonia oficial encabezada por el primer ministro iraquí, Ali al Zaidi, junto a autoridades religiosas y representantes del Gobierno.
Tras concluir los actos religiosos en Kerbala, el cuerpo será trasladado nuevamente a Nayaf y posteriormente a Irán, donde continuará el programa oficial de exequias.
Será enterrado en Mashad
De acuerdo con las autoridades iraníes, el líder supremo será sepultado este jueves en Mashad, su ciudad natal y uno de los principales centros de peregrinación del mundo chií por albergar el mausoleo del imán Reza, octavo imán del islam chií.
Jameneí murió durante el primer día del conflicto armado iniciado el 28 de febrero entre Estados Unidos, Israel e Irán, un hecho que provocó una fuerte escalada de tensiones en Oriente Medio y generó reacciones de gobiernos y organizaciones internacionales.
Su fallecimiento marca el fin de una de las figuras políticas y religiosas más influyentes de la República Islámica de Irán, país que ahora enfrenta un complejo proceso de transición en medio de un escenario regional marcado por la inestabilidad y la confrontación militar.