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Por Richard Cabrera | Editorial de Portada Nacional | 16 de agosto de 2026
Hay refranes que parecen sencillos, pero contienen grandes lecciones de vida. Los abuelos suelen decir: “El que se acuesta con muchacho, amanece mojado”. Otros advierten que los hijos deben corregirse y orientarse a tiempo, porque cuando crecen y adquieren independencia puede resultar mucho más difícil encauzarlos.
La enseñanza es clara: lo que no se corrige a tiempo puede convertirse mañana en un problema mucho mayor.
Ese principio también puede aplicarse a la vida pública.
República Dominicana ha construido su democracia con enormes sacrificios. Ha costado sangre, enfrentamientos, pérdidas humanas, invasiones, luchas políticas y generaciones enteras defendiendo el derecho de los dominicanos a decidir libremente su destino.
Por eso, la democracia dominicana no puede tratarse como un espectáculo, ni como el guion de un reality show.
El mundo ha cambiado. Las redes sociales, internet y las nuevas plataformas de comunicación han permitido que personas que antes no tenían acceso a grandes escenarios puedan convertirse rápidamente en figuras públicas, empresariales, mediáticas o de influencia.
Y eso, en sí mismo, no es malo.
Todo ciudadano tiene derecho a aspirar, participar y servir desde el espacio que considere. La democracia precisamente garantiza esa posibilidad.
Pero una cosa es tener el derecho a participar y otra muy distinta es estar preparado para asumir determinadas responsabilidades.
Gobernar una empresa no es lo mismo que gobernar un país. Administrar un programa no es administrar el destino de millones de personas. Tener popularidad no necesariamente significa tener la preparación, experiencia y visión necesarias para conducir un Estado.
República Dominicana necesita una clase política capaz de entender esa diferencia.
No estamos hablando de un partido específico. Tampoco de una persona determinada.
Este editorial no tiene nombre ni apellido. Tiene una preocupación nacional.
La clase política, el sector empresarial, los ciudadanos con capacidad de influencia y quienes aspiran a dirigir el país deben comprender que la República Dominicana no puede darse el lujo de retroceder.
Somos millones de dominicanos dentro y fuera del territorio nacional. Muchos de nuestros compatriotas han tenido que emigrar para buscar mejores oportunidades y sostener a sus familias. Mientras tanto, quienes permanecemos aquí tenemos la responsabilidad de cuidar lo que tantas generaciones ayudaron a construir.
Nuestra bandera y nuestro escudo no son simples símbolos.
Representan una historia.
Representan sacrificios.
Representan la lucha de un pueblo que, con sus virtudes y defectos, ha sabido defender su soberanía y construir una democracia que debemos fortalecer, no poner en riesgo.
El llamado es a pensar
Desde Portada Nacional hacemos un llamado a la clase política pensante, al empresariado, a los sectores sociales, a los medios de comunicación y, especialmente, a los ciudadanos.
No podemos permitir que la política se convierta exclusivamente en popularidad, espectáculo, encuestas, tendencias digitales o estrategias de redes sociales.
Las encuestas son herramientas. Las firmas son herramientas. Las redes sociales son herramientas.
Ninguna de ellas puede sustituir la capacidad, la preparación, la institucionalidad y el compromiso con el país.
Y si existen dudas sobre la legalidad o transparencia de determinadas prácticas relacionadas con encuestas, firmas, procesos políticos o mecanismos de participación, corresponde a las autoridades competentes investigar y establecer qué está dentro de la ley y qué no.
La democracia necesita reglas claras.
Necesita instituciones fuertes.
Necesita ciudadanos vigilantes.
Pero también necesita dirigentes que entiendan que el poder no es un premio ni un espectáculo: es una responsabilidad.
No echemos el país hacia atrás
La República Dominicana ha avanzado.
Tenemos problemas, sí. Tenemos grandes desafíos, también.
Pero no podemos actuar como si todo lo construido durante décadas pudiera ponerse en juego por una tendencia momentánea, una fama adquirida en internet o una estrategia diseñada para generar audiencia.
Un país no se gobierna como un programa de televisión.
Millones de dominicanos dependen de las decisiones que se toman desde el Estado. Familias, trabajadores, empresarios, estudiantes, agricultores, profesionales y comunidades completas necesitan estabilidad, seguridad, oportunidades y confianza.
Por eso debemos escuchar nuevamente a nuestros mayores.
Corregir a tiempo.
Orientar a tiempo.
Pensar antes de actuar.
Y, sobre todo, no esperar a que el problema crezca para descubrir que después resulta demasiado difícil corregirlo.
República Dominicana merece una democracia cada vez más madura, instituciones cada vez más sólidas y líderes preparados para asumir el peso de gobernar.
Todos tenemos derecho a participar. Pero cada quien debe entender que cada responsabilidad exige preparación, capacidad y compromiso.
Desde la redacción de Portada Nacional, este 16 de agosto de 2026, hacemos este llamado sin banderas partidarias y sin nombres particulares:
Cuidemos la democracia que tanto nos ha costado construir.
Portada Nacional no compite, nosotros informamos.