INABIE enfrenta nuevas preguntas tras caso de 68 estudiantes afectados
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Santiago.– La afectación de 68 estudiantes de un centro educativo de Santiago luego de consumir leche del desayuno escolar vuelve a poner bajo la lupa los controles sanitarios de uno de los programas sociales de mayor alcance del Estado dominicano.
El episodio genera preocupación porque el Programa de Alimentación Escolar, administrado por el Instituto Nacional de Bienestar Estudiantil (INABIE), tiene la responsabilidad de garantizar que los alimentos suministrados diariamente a los estudiantes cumplan con las condiciones necesarias para su consumo.
No se trata únicamente de entregar una ración alimenticia. Detrás del desayuno y el almuerzo escolar existe una amplia cadena que involucra suplidores, plantas de producción, equipos de cocina, almacenamiento, transporte, manipulación y distribución, por lo que los controles deben funcionar en cada una de esas etapas.
La situación registrada en Santiago plantea interrogantes que deberán ser respondidos por las autoridades: ¿qué ocurrió con la leche?, ¿en qué condiciones fue almacenada y transportada?, ¿se cumplieron los protocolos sanitarios y qué controles se realizaron antes de su distribución?
Un negocio millonario con una responsabilidad enorme
El Programa de Alimentación Escolar moviliza cada año una importante cantidad de recursos públicos y beneficia a miles de estudiantes a nivel nacional.
Para el Estado, la inversión tiene un propósito que va más allá de garantizar una comida durante la jornada escolar: busca contribuir a la nutrición, permanencia y rendimiento de los estudiantes, especialmente de aquellos pertenecientes a hogares vulnerables.
Pero mientras mayor es el alcance del programa, mayor también es la responsabilidad de garantizar la calidad e inocuidad de los alimentos.
Los suplidores que participan en este esquema manejan diariamente grandes volúmenes de productos destinados a niños y adolescentes. Por esa razón, cualquier deficiencia en las condiciones sanitarias puede tener un impacto considerable.
Las cocinas y los controles, otro desafío
Uno de los puntos que debe permanecer bajo vigilancia son las condiciones de las cocinas escolares y los espacios donde se almacenan y manipulan los alimentos.
Temperatura, higiene, conservación, manipulación y transporte son elementos determinantes para evitar que un alimento llegue contaminado o deteriorado a un centro educativo.
El caso de Santiago vuelve a colocar estas variables en el centro de la discusión y plantea la necesidad de verificar si los mecanismos de supervisión están funcionando con la rigurosidad que exige un programa de esta magnitud.
También resulta fundamental que, ante cualquier evento que afecte a estudiantes, se establezca rápidamente la causa, se preserve la evidencia necesaria y se determine si hubo alguna falla en la cadena de suministro.
La alimentación debe ser segura
El esfuerzo económico que realiza el Estado para sostener el desayuno y el almuerzo escolar pierde parte de su propósito si los beneficiarios terminan expuestos a riesgos sanitarios.
Por eso, cada incidente debe servir para revisar protocolos, fortalecer inspecciones y corregir posibles fallas, sin esperar a que ocurran nuevos casos.
La prioridad debe ser que cada estudiante reciba una alimentación adecuada, nutritiva y, sobre todo, segura.
La afectación de los 68 alumnos en Santiago representa así mucho más que un incidente aislado: coloca nuevamente sobre la mesa la discusión sobre cómo se fiscaliza el multimillonario programa de alimentación escolar y qué tan efectivos son los controles aplicados a quienes tienen en sus manos la alimentación diaria de los estudiantes dominicanos.
Ahora corresponde a las autoridades determinar las causas de lo ocurrido, establecer las responsabilidades que correspondan y explicar qué medidas serán adoptadas para evitar que una situación similar vuelva a repetirse.