Obesidad y salud cardiovascular: por qué el riesgo va más allá del peso
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República Dominicana, octubre de 2026. La obesidad dejó de entenderse únicamente como una cuestión de peso o apariencia física. La evidencia científica la reconoce como una enfermedad crónica que puede afectar múltiples órganos y aumentar el riesgo de desarrollar problemas cardiovasculares, como hipertensión, enfermedad coronaria e insuficiencia cardíaca.
La magnitud del problema es global. En 2022, más de 1,000 millones de personas vivían con obesidad, aproximadamente el 13 % de la población mundial. Las proyecciones indican que para 2035 alrededor de 1,900 millones de adultos podrían verse afectados, lo que equivaldría a cerca del 25 % de la población adulta mundial.
La relación con la salud cardiovascular también genera preocupación: se estima que dos tercios del exceso de mortalidad asociado a la obesidad se atribuyen a enfermedades cardiovasculares. Esto refuerza la importancia de evaluar condiciones como la presión arterial elevada, el colesterol alto, la diabetes tipo 2 y la insuficiencia cardíaca dentro de una perspectiva integral de salud cardiometabólica.
Cómo afecta la obesidad al corazón y los vasos sanguíneos
El exceso de grasa corporal puede afectar el sistema cardiovascular mediante distintos mecanismos que interactúan entre sí. La grasa visceral, acumulada alrededor de los órganos internos, puede liberar sustancias inflamatorias y hormonales que alteran el metabolismo, dificultan la respuesta del organismo a la insulina y contribuyen al aumento de la presión arterial.
El doctor Víctor Nolasco, gerente médico de Obesidad y Diabetes para Adium Centroamérica y el Caribe, explica que estos procesos pueden influir directamente en el funcionamiento cardiovascular.
Cuando aumenta la grasa corporal, especialmente alrededor de los órganos, se pueden producir alteraciones en la regulación de la presión arterial, el metabolismo y los procesos inflamatorios.
Además, la grasa puede acumularse alrededor del corazón y de los vasos sanguíneos, favoreciendo la inflamación y los cambios en la estructura vascular. Con el tiempo, estos mecanismos pueden contribuir al desarrollo de hipertensión, enfermedad coronaria, arritmias e insuficiencia cardíaca.
En algunos pacientes, el corazón puede volverse más rígido y necesitar un mayor esfuerzo para bombear la sangre. Esta sobrecarga sostenida puede manifestarse mediante síntomas como fatiga, falta de aire y una menor capacidad para realizar actividades físicas.
La importancia de una evaluación cardiometabólica integral
El abordaje médico de la obesidad está evolucionando hacia una evaluación más amplia de los factores que influyen en la salud cardiovascular.
Tradicionalmente, la atención se concentraba en controlar por separado la presión arterial, el colesterol y los niveles de glucosa. Sin embargo, estos problemas pueden estar relacionados con alteraciones metabólicas comunes, por lo que los especialistas recomiendan analizar el conjunto de factores que afectan a cada paciente.
Esta evaluación puede incluir la distribución de la grasa corporal, la presión arterial, los niveles de lípidos y glucosa en sangre, la calidad del sueño, la actividad física, la salud mental, la capacidad funcional y otras enfermedades asociadas.
Las investigaciones también han profundizado en los efectos de la obesidad sobre la estructura y el funcionamiento del corazón, incluidos el papel de la grasa que rodea al órgano, la inflamación local y la rigidez cardíaca.
Estos avances refuerzan la necesidad de valorar los resultados del tratamiento más allá de los cambios en la báscula, considerando también sus posibles beneficios para la salud cardiometabólica y las características clínicas de cada persona.
La obesidad requiere tratamiento crónico e individualizado
Los consensos científicos actuales, incluidos los promovidos por la Sociedad Europea de Cardiología, respaldan un cambio de enfoque: la obesidad debe abordarse como una enfermedad crónica y sistémica que requiere atención médica sostenida, con especial atención a sus posibles consecuencias cardiovasculares.
El tratamiento debe adaptarse a las necesidades de cada paciente y puede combinar diferentes estrategias. Entre ellas se encuentran los cambios en la alimentación, la actividad física, el cuidado del sueño y el apoyo psicológico.
Cuando la evaluación médica lo indica, también pueden considerarse medicamentos aprobados para el tratamiento de la obesidad. En determinados casos de obesidad grave o cuando existen complicaciones relevantes, los procedimientos quirúrgicos pueden formar parte de las opciones terapéuticas.
La elección del tratamiento debe realizarse con orientación profesional y seguimiento médico, teniendo en cuenta los antecedentes, las condiciones de salud y los objetivos individuales.
“Al final del día el objetivo y el beneficio no es solo que la balanza marque menos, sino atacar la raíz del problema, para que los pacientes logren el objetivo principal: vivir mejor y vivir más”, concluyó el doctor Nolasco.
Sobre Adium
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