Ojo de águila sobre el tablero político de las elecciones de 2028
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SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Desde la redacción de Portada Nacional Digital observamos con preocupación el escenario político que comienza a configurarse de cara a las elecciones de 2028, marcado por el surgimiento de nuevas figuras, movimientos e intereses empresariales que podrían tener una influencia importante en la futura contienda electoral.
La preocupación parte de una realidad que merece ser analizada con seriedad: mientras el Estado destina recursos para fortalecer la educación y preparar académicamente a las nuevas generaciones, también aparecen aspirantes y figuras públicas que buscan proyectarse como posibles dirigentes nacionales sin contar, necesariamente, con una formación académica o experiencia suficiente para asumir la conducción de un país.
No se trata de cuestionar el derecho de ningún ciudadano a participar en política. Se trata, más bien, de preguntarnos si República Dominicana está preparada para entregar sus destinos a personas cuya principal plataforma sea la popularidad, las redes sociales, el respaldo económico o la influencia de determinados sectores.
Otro elemento que llama la atención es la aparente cercanía de empresarios y representantes diplomáticos de potencias extranjeras con determinadas figuras e influencers. ¿Qué intereses existen detrás de esos acercamientos? ¿Qué buscan quienes financian, promueven o respaldan determinados proyectos políticos? Son preguntas que la sociedad dominicana debe hacerse con responsabilidad y sin prejuicios.
La historia demuestra que la soberanía y la democracia dominicanas han tenido un costo muy alto. El país ha atravesado dictaduras, intervenciones extranjeras, enfrentamientos políticos y derramamientos de sangre. Por eso, cualquier señal que pueda interpretarse como una amenaza a la independencia de las decisiones nacionales debe ser observada con especial atención.
El escenario internacional también obliga a mantener los ojos abiertos. Las transformaciones políticas ocurridas en países como Venezuela, así como la creciente disputa geopolítica por recursos estratégicos, demuestran que las relaciones entre las grandes potencias y los gobiernos latinoamericanos pueden tener consecuencias profundas sobre la soberanía y el futuro económico de las naciones.
En República Dominicana, mientras tanto, el tablero comienza a moverse. El presidente Luis Abinader impulsó una reforma constitucional que establece un límite a la reelección presidencial, cerrando la posibilidad de una nueva postulación suya. Sin embargo, el movimiento de las distintas fuerzas dentro del oficialismo y la oposición mantiene abiertas muchas interrogantes sobre quiénes serán los protagonistas de 2028.
En la oposición también existen interrogantes. Leonel Fernández continúa siendo una figura de peso, mientras su hijo Omar Fernández representa una generación política que busca abrirse espacio. Al mismo tiempo, otros partidos y movimientos intentan reorganizarse para recuperar protagonismo.
Dentro del PRM, nombres como David Collado y Carolina Mejía aparecen entre las figuras con mayor exposición pública y experiencia de gestión. Ambos han ocupado la Alcaldía del Distrito Nacional y cuentan con sectores que observan sus posibilidades de cara a la próxima contienda.
También existe un debate sobre el papel de los empresarios en la política. Que una persona tenga éxito en los negocios no significa automáticamente que esté preparada para dirigir un Estado. Gobernar exige conocimientos de economía, derecho, relaciones internacionales, administración pública, seguridad, educación y políticas sociales, además de capacidad para tomar decisiones complejas.
Por eso, la discusión de 2028 no debería limitarse a quién tiene más seguidores, quién posee mayores recursos económicos o quién cuenta con el respaldo de determinados grupos. La verdadera pregunta debe ser quién tiene la preparación, la experiencia, la independencia y la visión necesaria para gobernar República Dominicana.
Desde Portada Nacional Digital llamamos a los dominicanos a observar el tablero político con ojo de águila. No se trata de apoyar o rechazar anticipadamente a ningún candidato, sino de exigir transparencia, preparación y claridad sobre los intereses que rodean a quienes aspiran a dirigir la nación.
La democracia dominicana ha costado sangre, sacrificios y generaciones enteras de lucha. No podemos permitir que la política se convierta simplemente en un juego de intereses económicos, influencias externas o popularidad digital.
El tablero político de 2028 apenas comienza a moverse. Y esta vez, el pueblo dominicano debe mirar cada movimiento con ojo de águila.
Desde la redacción de Portada Nacional Digital